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Lectura de hoy Sabado 01 de Septiembre, 2012 San Josue, Caudillo de Israel

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Sobre las Lecturas de hoy...


Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (1, 26-31)

Hermanos:
Consideren que entre ustedes, los que han sido llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos. Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.
En efecto, por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. Por lo tanto, como dice la Escritura: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 32

En el Señor está nuestra esperanza.

Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que escogió por suyo. Desde el cielo el Señor, atentamente, mira a todos los hombres.
En el Señor está nuestra esperanza.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
En el Señor está nuestra esperanza.

En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo; en el Señor se alegra el corazón y en él hemos confiado.
En el Señor está nuestra esperanza.
Jesus predicando
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (25, 14-30)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola
: "El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
'Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor'.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo:
'Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor'.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo:
'Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo'.
El señor le respondió:
'Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses?
Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación' ".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
Los empleados de la parábola de hoy actúan o por deseo de servicio o por miedo. Los que se mueven por el deseo de servicio obran efectivamente y multiplican aquello que han recibido. Cuando vuelve su Señor, pueden rendir cuentas con alegría. El que actúa por miedo sepulta su encargo y no obra a tiempo de manera eficaz. Luego le echa la culpa a quien le confía una labor y no se da cuenta de que, al haber aceptado el encargo, se ha hecho responsable de actuar con diligencia. La cantidad entregada por el señor al empleado es enormemente valiosa. El talento era una medida de valor y equivalía a una suma enorme. Es decir, el que recibe menos, de todos modos tiene mucho. - En nuestra vida diaria enfrentamos desafíos semejantes que nos llevan a evaluar si actuamos movidos por el miedo paralizante o por el deseo de servir. Podemos vivir nuestro bautismo como un asunto meramente cultural, sin ninguna implicación para nuestra fe, o podemos hacer de nuestro bautismo un camino se seguimiento a Cristo en el servicio a los hermanos. Podemos multiplicar nuestras fuerzas, compartiendo con otras personas la misión de Jesús, o podemos reducir nuestra espiritualidad a un intimismo estéril e ineficaz.

En la primera lectura, Pablo se atrevió a decir estas cosas a unos griegos que estaban acostumbrados a otros criterios para valorar a las personas. También nos las dice a nosotros, que podemos caer en la tentación de juzgar la importancia de las personas o de los acontecimientos según las apariencias humanas. La historia ya nos tendría que haber enseñado que Dios hace cosas maravillosas a través de personas que parecían «débiles y despreciables» y, además, con medios desproporcionados. Así se ve que es Dios quien da eficacia a todo y el que salva, y no nosotros. Si es el caso, tendremos que desplazar el punto de apoyo de nuestra confianza, que no debería estar en nuestras técnicas y palabras sabias, sino en la gracia de Dios. Si el salmo ya lo decía en el AT, mucho más ahora: «nosotros aguardamos al Señor, él es nuestro auxilio y escudo, con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos». ¡Cuántos cristianos sencillos conocemos, seguramente en nuestra propia familia, que no han tenido mucha cultura humana, pero sí poseían o poseen la sabiduría de Dios y han caminado lúcidamente por esta vida! Uno se acuerda del Magníficat, en que María alaba a Dios porque «enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos». Y de Jesús, que daba gracias a su Padre porque escondía los misterios del Reino a los que se creían sabios, y los revelaba a los sencillos. Habrá que recordar también, una vez más, nuestro clásico romance: «que al final de la jornada, aquél que se salva, sabe, y el que no, no sabe nada».

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