Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Ezequiel (36, 23-28)
Esto dice el Señor:
"Yo mismo mostraré la santidad de mi nombre excelso, profanado entre las naciones, profanado por ustedes en medio de ellas, y reconocerán que yo soy el Señor, cuando por medio de ustedes les haga ver mi santidad.
Los sacaré de entre las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías.
Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis preceptos, y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 50
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos y volverán a ti los pecadores.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría. Un corazón contrito te presento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (22, 1-14)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
"El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran:
'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.Luego les dijo a sus criados:
'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados. Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó:
'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?'
Aquel hombre se quedó callado.
Entonces el rey dijo a los criados:
'Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La parábola de las 'bodas del rey', como se suele llamar, trae un mensaje profundo que nos ayuda a comprender el misterio del corazón humano. En las culturas antiguas las ciudades medianas y pequeñas se aliaban con un rey de una ciudad poderosa. Los actos privados de la familia del rey se convertían en actos públicos, por medio de los cuales se fortalecían las alianzas y se promovía la fidelidad. La conducta de los pobladores que se mostraran indiferentes, desinteresados y agresivos era entendida como una disolución del pacto y un desafío al rey, que era castigado con dureza. Jesús toma esa situación común en la época para hablarnos de la incapacidad que como seres humanos tenemos de respetar las alianzas que voluntariamente hemos realizado. Por ejemplo, las constituciones políticas de todos los países promueven el respeto por los derechos de las personas, por la promoción humana y por la equidad; sin embargo, se puede ver que bien poco se realizan esos claros y honestos propósitos. Lo mismo nos ocurre con la alianza que hacemos con Dios en Jesús al aceptar libremente el llamado del Evangelio. - ¿Cómo podemos modificar nuestros sentimientos, pensamientos y aptitudes para ser coherentes con lo que nos propone Jesús?
Estamos en los últimos capítulos de Ezequiel, llenos de esperanza y consuelo. Todo es nuevo: un agua pura, un corazón y un espíritu nuevos, una vida caminando según los mandatos de Dios.
En efecto, por medio de Cristo Jesús, se nos ha dado el Espíritu de Dios, que quiere renovarlo todo: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5).
Todo debería transformarse en nuestras vidas, empezando por un «transplante de corazón» como el que promete Ezequiel: «arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne». Son cambios no superficiales, sino profundos. Obra de Dios y de su Espíritu, pero con nuestra colaboración.
Si oramos sinceramente con el salmo -«crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme»-, por parte de Dios no va a faltar ni el perdón ni la renovación de la Alianza: «habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios» (1 Co 6, 11).
Cada año, en la Vigilia Pascual, escuchamos esta lectura de Ezequiel. Porque es la noche en que celebramos el paso de Cristo a la Nueva Vida, y la noche en que recordamos nuestro Bautismo, cuando fuimos injertados en esa Pascua de Cristo.
Cada vez que la misa empieza con la aspersión con agua, deberíamos recordar que Dios quiere purificarnos, liberarnos de todo pecado y renovar nuestra existencia. Hoy es un buen día para rezar o cantar la invocación inspirada en los profetas: «Danos, Señor, un corazón nuevo...».
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