Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Ezequiel (28, 1-10)
En aquellos días, el Señor me habló y me dijo:
"Hijo de hombre, dile al príncipe de Tiro: 'El Señor Dios dice esto:
Tu corazón se ha ensoberbecido y has dicho:
Soy Dios, estoy sentado en el trono de Dios, en medio de los mares; pero eres hombre y no Dios, y te crees tan sabio como Dios; pretendes ser más inteligente que Daniel y conocer todos los secretos; con tu sabiduría y habilidad te has hecho rico, has amontonado oro y plata en tus tesoros; con astucia de comerciante has aumentado tus riquezas y te has ensoberbecido por tu fortuna' ".
Por eso dice el Señor:
"Porque te has creído tan sabio como Dios, por eso mandaré contra ti a los más feroces de los pueblos extranjeros, que desenvainarán su espada contra tu esplendor y tu sabiduría y acabarán con tu grandeza. Ellos te matarán y el mar será tu sepultura.
¿Ante la mano misma de tus verdugos te atreverás a afirmar todavía que eres Dios, cuando no eres más que un hombre? Morirás como un pagano a manos de extranjeros, porque así lo digo yo, el Señor Dios".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Deuteronomio 32
El Señor da la muerte y la vida.
El Señor pensó: "Voy a dispersarlos y a borrar su memoria entre los hombres. Pero no, porque temo la presunción del enemigo y la mala interpretación del adversario.
El Señor da la muerte y la vida.
Pues diría el enemigo que su mano había vencido y que no era el Señor el que lo había hecho, porque son una nación que ha perdido el juicio".
El Señor da la muerte y la vida.
¿Cómo puede uno perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil? ¿No es porque su Dios los ha vendido, porque el Señor los ha entregado?
El Señor da la muerte y la vida.
El día de su destrucción se acerca y su suerte se apresura, porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos.
El Señor da la muerte y la vida.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (19, 23-30)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos.
Se lo repito:
es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos".
Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron:
"Entonces ¿quién podrá salvarse?"
Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió:
"Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible".
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús:
"Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido,¿qué nos va a tocar?"
Jesús les dijo:
"Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

El evangelio contrapone dos actitudes: la de aquellos que ya dejaron todo por seguir a Jesús, opuesta a la de quienes siguen haciendo componendas para "hacer pasar el camello por el ojo de la aguja". La llamada de Jesús es clara: ser pescadores de nueva humanidad. Las implicaciones, en cambio, son complejas, porque comienzan por compartir su estilo de vida y misión, por vivir en absoluta solidaridad con el prójimo y con el universo y por tener como único tesoro el amor de Dios. Estas exigencias eran realizadas de diversas maneras por el grupo de seguidores. Algunos, como los simpatizantes, escuchaban a Jesús con gusto y apoyaban su misión, a veces con recursos económicos y a veces con la simple participación como oyentes. Otros, que conformaban el grupo de discípulos, compartían su estilo de vida y su enseñanza; unos pocos, como los apóstoles, asumían todas las exigencias, incluso la difícil tarea de predicar, aun a riesgo de su propia vida. Esta gradualidad no contradecía las enseñanzas básicas de Jesús, pero sí introducía modos y matices en la manera de vivir ese llamado. - La lectura nos llama a reflexionar: ¿A qué nos sentimos llamados y cómo podemos realizar nuestra vocación cristiana?
En la primera lectura, ¡cuántas veces nos enseña la historia que Dios «derriba del trono a los poderosos y ensalza a los humildes», como dijo María en su Magníficat!
Siempre hay personas que se creen dioses, que están pagadas de sí mismas y actúan con caprichosa prepotencia. Pero les llega su hora, y se suceden una a otra caídas estrepitosas de personas y de imperios y de ideologías. Pronto o tarde, el orgulloso queda humillado y se convierte en hazmerreír de aquellos a quienes antes había despreciado.
Es como el rico satisfecho de sí mismo, que quería ensanchar sus graneros, pero Jesús le hace oír la réplica de Dios: «necio, esta misma noche te reclamarán el alma, y las cosas que preparaste, ¿para quién serán ?» (Lc 12,1 6ss). Jesús nos enseñó en el sermón de la montaña: «no amontonéis tesoros en la tierra» (Mt 6,19). Al rey de Tiro le reprocha Ezequiel: «te hiciste una fortuna, acumulaste oro y plata en sus tesoros»; pero ¿de qué le va a servir?
Son lecciones que nunca acabamos de aprender, por más que la historia sea maestra de la vida. El salmo nos dice que la última palabra la tiene siempre Dios: «yo doy la muerte y la vida... el día de su perdición se acerca y su suerte se apresura, porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos». El Señor «enaltece a los humildes», como dijo la Virgen. Y Jesús lo reafirmó en el evangelio: «porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla, será ensalzado» (Lc 14,11; 18,14).
Podemos denunciar prepotencias y abusos. Pero, también, examinarnos, no vaya a ser que nosotros mismos estemos pecando de presunción y orgullo, atrayéndonos la antipatía de las personas y del mismo Dios.
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