Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Ezequiel (18, 1-10. 13. 30-32)
El Señor me habló y me dijo:
"¿Por qué andan repitiendo este refrán en Israel:
'Los padres fueron los que comieron uvas verdes y son los hijos a quienes se les destemplan los dientes'?
Les juro por mi vida, dice el Señor Dios, que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel.
Sépanlo:
todas las vidas son mías, lo mismo la vida del padre que la del hijo. Así pues, el hombre que peque, ése morirá. El hombre que es justo y vive de acuerdo con el derecho y la justicia; que no ofrece sacrificios a los ídolos ni los adora; que no deshonra a la mujer de su prójimo; que no explota a sus semejantes y les devuelve la prenda empeñada; que no roba, sino que da de comer al hambriento y viste al desnudo; que no presta con usura ni acumula intereses; que no comete maldades y juzga imparcialmente los delitos; que observa mis preceptos y cumple con fidelidad mis mandamientos, ese hombre es justo y ciertamente vivirá, dice el Señor Dios.
Si el hijo del justo es ladrón u homicida y quebranta alguno de mis mandamientos, ciertamente morirá y será responsable de sus propios crímenes.
Pues bien, pueblo de Israel, yo juzgaré a cada uno de ustedes según su proceder, dice el Señor Dios. Arrepiéntanse de todos sus pecados, apártense de ellos y no morirán.
Arrepiéntanse de todas las infidelidades que han cometido, estrenen un corazón nuevo y un espíritu nuevo y así no morirán, pues yo no quiero que nadie muera, dice el Señor Dios. Arrepiéntanse y vivirán".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 50
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti ni retires de mí tu santo espíritu.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos y volverán a ti los pecadores.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios, y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría. Un corazón contrito te presento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (19, 13-15)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos regañaron a la gente; pero Jesús les dijo:
"Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos".
Después les impuso las manos y continuó su camino.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La sinceridad y el entusiasmo de los niños contrastan con la actitud de los fariseos, sus opositores, que en la escena anterior buscaban poner a Jesús en aprietos, al presentarle un dilema jurídico respecto al repudio. La sociedad en la que Jesús vive es tremendamente conservadora y cerrada, por lo que la apertura hacia la novedad es muy difícil. Muchas veces se encubre ese conservadurismo exacerbado con la apariencia de la erudición, como hacen los fariseos, o con una pretendida seriedad, como lo hacen sus propios discípulos. Los niños se acercan para recibir las bendiciones y oraciones de Jesús; la exagerada reacción de sus seguidores pone en evidencia hasta qué punto ellos mismos están aquejados de los mismos prejuicios y estrecheces de la cultura dominante en su propio pueblo. La propuesta de Jesús, por el contrario, fortalece un acercamiento entusiasta y sincero al evangelio, como corresponde a la recepción de una buena y nueva noticia. El mismo evangelio de Mateo nos propone a los «pequeños», es decir, a las personas que viven profundamente la fe desde la simplicidad de la actividad cotidiana, como modelos de vida cristiana. ¿Asumimos una actitud de sinceridad y entusiasmo ante la buena noticia del evangelio?
En la primera lectura, instintivamente, buscamos excusas para nuestros fallos y tendemos a echar la culpa a otros. También ahora nos podríamos refugiar en la culpa que tienen la sociedad, la Iglesia, las instituciones, el mundo en que vivimos, el mal ejemplo de los demás. Y, así, disminuir nuestra responsabilidad personal.
Nos va bien que se nos diga que cada uno va construyendo su propia vida y su propio futuro de premio o castigo: ayudado o estorbado por el ambiente que nunca llega a privarnos de nuestra libertad.
Para bien y para mal, cada uno responde de sus actos. Como se salvaron los que habían quedado marcados en la frente con la señal -como leíamos en Ezequiel el miércoles pasado-, a pesar de vivir en una sociedad pervertida así pasa con los que nadan contra corriente en una sociedad secularizada.
Necesitamos tener personalidad y fuerza de voluntad en este mundo. No vale lo de «mal de muchos...». Tenemos que pedir a Dios esa fortaleza con el salmo de hoy: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... afiánzame con espíritu generoso...». Nos va a hacer falta.
El profeta Ezequiel nos presenta una lista impresionante de opciones que tanto entonces como ahora, tenemos que hacer los creyentes: observar la justicia, no ir tras los ídolos, respetar a la mujer del prójimo, no explotar al necesitado, no robar, devolver lo recibido en préstamo, no prestar con usura, juzgar con imparcialidad, caminar según los mandatos de Dios...
No echemos la culpa a los demás. Cuando decimos la oración penitencial del «Yo confieso», démonos claramente golpes en nuestro pecho repitiendo: «por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa». Eso sí, pidiendo a la comunidad, y a la Virgen y a los ángeles y a los santos, que nos ayuden con su intercesión en nuestro camino de fe.
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