Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Ezequiel (12, 1-12)
El Señor me habló y me dijo:
"Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son un pueblo rebelde.
Ahora, pues, hijo de hombre, prepara tus cosas como quien va al destierro y vete de día, ante la vista de todos, a ver si se dan cuenta de que son un pueblo rebelde. Arregla tus cosas como quien va al destierro, de día, ante la vista de todos y sal por la tarde, a la vista de todos, como salen los desterrados. Haz, a la vista de todos, un agujero en la pared y sal por ahí.
Ante la vista de todos, échate tus cosas al hombro y sal en la oscuridad; cúbrete la cara para no ver el país, porque te he convertido en una señal para el pueblo de Israel".
Hice, pues, lo que el Señor me había ordenado: de día preparé mis cosas como quien va al destierro; por la tarde hice un agujero en la pared, con la mano, y salí en la oscuridad, con mis cosas al hombro, ante la vista de todos.
A la mañana siguiente, el Señor me habló y me dijo:
"Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado el pueblo de Israel, ese pueblo rebelde, qué era lo que estabas haciendo? Pues anúnciales: 'Esto dice el Señor:
Estas palabras se refieren al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel, que vive en la ciudad'.Diles:
'Yo soy una señal para ustedes: lo que yo he hecho, eso harán con ustedes: irán cautivos al destierro y su príncipe, con sus cosas al hombro, saldrá en la oscuridad; perforarán una pared para que pueda salir y él se cubrirá la cara para no ver el país con sus ojos' ".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 77
Perdona a tu pueblo, Señor.
Los israelitas provocaron al Dios altísimo y se rebelaron contra él, negándose a guardar sus preceptos. Desertaron y lo traicionaron, como sus padres, fallaron como un arco mal hecho.
Perdona a tu pueblo, Señor.
En sus colinas lo encolerizaban, con sus ídolos provocaban sus celos. Dios lo oyó y se indignó y rechazó totalmente a Israel.
Perdona a tu pueblo, Señor.
Mandó sus soldados al cautiverio y el arca de la alianza, a las manos enemigas; entregó su pueblo a la espada, encolerizado contra su heredad.
Perdona a tu pueblo, Señor.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (18, 21-19, 1)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
"Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?"
Jesús le contestó:
"No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".
Entonces Jesús les dijo:
"El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba,diciendo:
'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'.
El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía:
'Págame lo que me debes'.
El compañero se le arrodilló y le rogaba:
'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?' Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano".
Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

En la época de Jesús y en la nuestra uno de los mayores problemas sociales son las deudas; en especial cuando las deudas se vuelven impagables por las condiciones sociales o por las condiciones que impone el prestamista. La parábola de los dos deudores nos habla de esa realidad. Pero el problema para los cristianos no era que de hecho existiera esa situación, sino que por lo regular ellos mismos la reproducían con exagerado rigor al interior de las mismas comunidades cristianas. La deuda del segundo deudor era ínfima y podía ser pagada con unos meses de trabajo o con el excedente de una cosecha normal. Sin embargo, al poner de lado las exigencias de consideración, proporción y equidad, los cristianos incurrían en conductas reprochables que desdecían de la fe que profesaban. - Nosotros nos vemos amenazados por la misma tentación de reproducir en nuestra vida la misma violencia que domina la cultura social. Creemos que la agresión indiscriminada, el individualismo y el egoísmo nos hacen más fuertes, pero puede ser que signifique todo lo contrario, y no sólo nos debilitemos nosotros, sino que erosionemos las mismas bases de nuestra fe cristiana. ¿Somos conscientes de los anti-valores de la cultura social y somos capaces de controlarlos en nuestra vida?
En la primera lectura, un profeta es una persona que debe ir indicando a los demás cuáles son los caminos de Dios. Qué es lo que va bien y qué hay que corregir, para no ir a la ruina.
Unas veces, lo dice de palabra; otras, con su propia vida. Como en el caso de Ezequiel: «hago de ti una señal para la Casa de Israel».
Los cristianos debemos asimilar de tal manera la Palabra de Dios, que la encarnemos en nuestra propia existencia, y de este modo, quienes nos vean puedan reconocer «la señal» que Dios les está haciendo. Cada uno en su ámbito, somos profetas: estamos proclamando con nuestro género de vida los valores básicos de la existencia humana, los caminos que nos llevarán al desastre personal y comunitario, y los que conducen a la felicidad. Los cristianos que hacen profesión de vida consagrada, por ejemplo, son «señales vivientes» en medio de la comunidad, significando y fomentando, con sus votos de pobreza, castidad y obediencia, nuestra lucha contra las tentaciones más características de nuestro mundo.
Faltan profetas que abran boquetes en los muros de esta sociedad de consumo y salgan con decisión fuera de la trama de la moda o de la superficialidad, siguiendo el estilo de vida de Jesús, por muy en contra que vaya de lo que se aplaude en el mundo de hoy. Más duros y sordos que el pueblo de Israel no serán nuestros contemporáneos. No tenemos que perder la esperanza: como Dios, y su profeta, que van acumulando gestos proféticos, a ver si alguna vez el pueblo reacciona y se convierte.
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