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Lecturas de hoy Lunes 13 de Agosto, 2012 51 Mártires Claretianos de Barbastro

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Ezequiel (1, 2-5. 24-28)

El día cinco del mes cuarto (era el año quinto de la deportación del rey Joaquín), me fue dirigida la palabra del Señor a mí, Ezequiel, sacerdote, hijo de Buzí, en el país de los caldeos, a orillas del río Kebar, y fui arrebatado en éxtasis.
Vi venir del norte un viento huracanado, una gran nube rodeada de resplandores y relámpagos, y en su centro, algo parecido al brillo del ámbar. En medio aparecían cuatro seres vivientes, que tenían forma humana. Oí el ruido de sus alas cuando se movían:
era como el estruendo de un río caudaloso, como el trueno del Altísimo, como la gritería de una multitud o como el estruendo de un ejército en batalla. Cuando se detenían, plegaban sus alas.
Encima de la plataforma había una especie de zafiro en forma de trono y de esta especie de trono sobresalía una figura, que parecía un hombre. Vi luego una luz, como brillo de ámbar, como un fuego que envolvía al hombre, desde la cintura para arriba; desde la cintura para abajo, vi también algo como fuego, que difundía su resplandor, parecido al del arco iris que se ve en las nubes, cuando llueve.
Tal era la apariencia visible de la gloria del Señor. Cuando yo la vi, caí rostro en tierra.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 148

El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.

Alaben al Señor en las alturas, alábenlo en el cielo; que alaben al Señor todos sus ángeles,celestiales ejércitos.
El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.

Reyes y pueblos todos de la tierra, gobernantes y jueces de este mundo; hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, alaben al Señor y denle culto.
El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.

El nombre del Señor alaben todos, pues su nombre es excelso; su gloria sobrepasa cielo y tierra, y ha hecho fuerte a su pueblo.
El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.

Que alaben al Señor todos sus fieles, los hijos de Israel, el pueblo que ha gozado siempre de familiaridad con él.
El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.
Jesus y Pedro
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (17, 22-27)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se hallaba Jesús con sus discípulos en Galilea y les dijo:
"El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar". Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza.
Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del impuesto para el templo y le dijeron:
"¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?"
El les respondió:
"Sí lo paga".
Al entrar Pedro en la casa,Jesús se adelantó a preguntarle:
"¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?"
Pedro le respondió:
"A los extraños".
Entonces Jesús le dijo:
"Por lo tanto, los hijos están exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de hoy...
Hoy, al igual que hace dos milenios, hay impuestos de todo y para todo. Pero, en la tierra de Jesús, los impuestos se pagaban por partida doble: para las autoridades romanas y para las autoridades judías. ¿En qué terminaban esos impuestos? Muy pocas veces en obras de beneficio público. La mayoría de las veces se utilizaban para cubrir las extravagancias de los reyes herodianos e inútiles campañas guerreras para hostigar a los vecinos. El evangelio nos narra el pago del impuesto por parte de Jesús, no porque esté de acuerdo con ese sistema, sino porque sus exigencias de justicia van más allá de las reformas al sistema tributario. Jesús sabe que los reyes judíos estaban obligados por la ley a tratar a sus súbditos como hermanos (Dt 17, 14-20) y que, por lo mismo, toda carga tributaria que no redundara en beneficio público era injusta e innecesaria.En la actualidad la mayor parte de nosotros no percibimos las implicaciones de nuestras acciones. Somos conscientes solo de una parte de los tributos que nuestras sociedades nos exigen y que van más allá del dinero: la televisión captura nuestro tiempo libre y nuestra -imaginación; las redes virtuales atrapan nuestros afectos y, por último, la publicidad acapara nuestras devociones. ¿Cómo podemos liberarnos de esta realidad?

Iniciamos hoy la lectura de un nuevo profeta, Ezequiel. Lectura que se prolongará durante dos semanas. En los períodos más dramáticos de la historia, Dios sigue cercano a su pueblo, suscitando profetas que ayuden a sus hermanos y les transmitan su voz. Personas que viven las mismas dificultades que los demás, y así, desde esa solidaridad, ejercen su misión profética. Ante una desgracia personal o colectiva, estaría mal hecha la pregunta: ¿cómo lo permite Dios? ¿dónde está Dios en este momento? Porque el primero que compadece (que «padece-con») es Dios. Como cuando su pueblo sufría en Egipto. Como cuando pasaba hambre y sed en el desierto. Como cuando está en el destierro. Nunca deberíamos perder esta convicción. Aunque no sepamos explicarnos el porqué de los males que nos pasan ahora. Probablemente, no tendremos visiones de ciencia ficción como las de Ezequiel para transmitir a los demás. Pero, si tenemos fe, sabremos ver la cercanía de Dios en los acontecimientos, en las personas, en la Iglesia, en sus sacramentos. Jesús nos dijo: «yo estaré con vosotros todos los días», «donde dos o tres están reunidos en mi nombre estaré yo», «tomad este pan, es mi Cuerpo» Con esta convicción, nos tiene que salir espontánea la alegría del salmista: «Alabad al Señor en el cielo... los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños, alaben el nombre del Señor... él acrece el vigor de su pueblo». Pues nos hacen falta vigor y ánimos en nuestra vida.

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