Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

.Lectura del libro del profeta
Habacuc (1, 12-2, 4)
¿No eres tú, Señor, desde siempre, mi santo Dios, que no muere? Tú, Señor, has escogido al pueblo caldeo para hacer justicia y lo has establecido para castigar. Tus ojos son demasiado puros para soportar el mal, no puedes ver la opresión. ¿Por qué miras en silencio a los traidores y callas cuando el malvado devora al justo?
Tú tratas a los hombres como a los reptiles, que no tienen dueño, como a los peces del mar: el pueblo caldeo los pesca con anzuelo, los atrae a su red, los va amontonando y luego ríe satisfecho.
Después ofrece sacrificios a su anzuelo e incienso a su red, porque le dieron rica presa y comida sustanciosa. ¿Y vas a permitir que siga llenando sus redes y matando naciones sin piedad?
En mi puesto de guardia me pondré, me apostaré en la muralla para ver qué me dice el Señor y qué responde a mi reclamación.
El Señor me respondió y me dijo:
"Escribe la visión que te he manifestado, ponla clara en tablillas para que se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará; si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 9
El Señor no abandona
al que lo busca.
El Señor reina eternamente, tiene establecido un tribunal para juzgar, juzga al orbe con justicia y rige a las naciones con rectitud.
El Señor no abandona
al que lo busca.
El Señor es refugio del oprimido, su refugio en los momentos de peligro. Que confíen en ti los que te conocen, porque tú, Señor, no abandonas a los que te buscan.
El Señor no abandona
al que lo busca.
Tóquenle música al Señor, que reina en Sión, cuenten sus maravillas a los pueblos, porque el Señor pide cuentas de la vida y no olvida los gritos de los oprimidos.
El Señor no abandona
al que lo busca.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (17, 14-20)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo:
"Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo".
Entonces Jesús exclamó:
"¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho". Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.
Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron:
"¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?"
Les respondió Jesús:
"Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: 'Trasládate de aquí para allá', y el monte se trasladaría.
Entonces nada sería imposible para ustedes".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Un grano de mostaza es tan grande como uno de arena, es decir, apenas uno o dos milímetros. Las palabras de Jesús son un duro cuestionamiento para sus discípulos. Ellos se presentan como personas religiosas, pero carecen de la materia prima: la fe. Esa carencia hace ineficaz sus acciones; en particular cuando se enfrentan a una persona atrapada entre polaridades, entre puntos irreconciliables como el fuego y el agua. La fe tiene un potencial transformador: hace que seamos capaces de confiar en el poder de Dios para aliviar el dolor de las personas. La fe es un escudo: nos permite afrontar el mal que se apodera de las personas y las somete. La fe es una fuerza extraordinaria: vence la inercia de las costumbres y nos empuja hacia lo nuevo. - ¿Qué nos pide Jesús? Que poseamos el equivalente a un granito de esa fe para desatar nuestro potencial humano y posibilitar la acción divina. Eso nos exigiría superar la desconfianza radical que nos impide creer en nosotros mismos y, sobre todo, el temor a abrirnos al prójimo. De la misma manera, nos obligaría a buscar esa verdad que nos manifiesta en el libro de la Biblia, libro de la Palabra de Dios.
En la primera lectura, la misma pregunta nos viene a la mente con frecuencia, también ahora: ¿por qué Dios permite el mal, por qué consiente que los malvados se salgan con la suya y prosperen en sus planes?
Es un lenguaje que los salmos nos enseñan a usar en nuestra oración. Continúa la lucha entre el bien y el mal, entre los malvados y los humildes y débiles. En esta lucha, Dios está ciertamente de parte de los débiles: «Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped. Detestas a los malhechores, al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor».
Pero es hasta cierto punto lógico que los creyentes pierdan la paciencia e interpreten el silencio de Dios como olvido: «¿hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome? ¿hasta cuándo va a triunfar tu enemigo?». «Despierta, Señor, no te estés callado, mira que tus enemigos se agitan y los que te odian levantan cabeza». Es la queja y la oración de Habacuc, que podemos hacer nuestra, al ver los males de nuestro mundo: el narcotráfico, el terrorismo, la venta de armas, los genocidios, las injusticias contra los débiles...
Habacuc no nos da todas las respuestas. Pero sí nos recuerda que Dios se preocupa de los pobres y que, de un modo misterioso, sigue estando cerca de los atribulados. Como dice el salmo, «No abandonas, Señor, a los que te buscan. El juzgará el orbe con justicia y regirá las naciones con rectitud... no olvida los gritos de los humildes».
También nos enseña a tener una visión más global de la historia: «se acercará su término y no fallará: si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse». Una vez más, los cínicos caerán en su propia trampa, porque «el injusto tiene el alma hinchada», mientras que a los «pobres los llenará de bienes», porque «el justo vivirá por su fe».
No sabemos cómo, pero la cizaña algún día será separada del trigo, y los peces malos no tendrán la misma suerte que los buenos. Dios le enseña a su profeta -y a nosotros- a respetar los tiempos: a seguir luchando contra el mal, pero sin perder el ánimo ni querer quemar etapas.
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