Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
|
|
|
Sobre las Lecturas de hoy...
|
|
|
|
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Jeremías (31, 31-34)
"Se acerca el tiempo, dice el Señor, en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será como la alianza que hice con los padres de ustedes, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ellos rompieron mi alianza y yo tuve que hacer un escarmiento con ellos.
Esta será la alianza nueva que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano, diciéndole:
'Conoce al Señor', porque todos me van a conocer, desde el más pequeño hasta el mayor de todos, cuando yo les perdone sus culpas y olvide para siempre sus pecados".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
|
Salmo Responsorial
Salmo 50
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos y volverán a ti los pecadores.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría. Un corazón contrito te presento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
Crea en mí, Señor,
un corazón puro.
|
Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (16, 13-23)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
"¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"
Ellos le respondieron:
"Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó:
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?"
Simón Pedro tomóla palabra y le dijo:
"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Jesús le dijo entonces:
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole:
"No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo:
"¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
|
Sobre las Lecturas de Hoy...

¿Qué significa "pensar como Dios"? La cultura nos enseña a pensar únicamente en términos de conveniencia económica. Si es productiva, si es rentable, si se ajusta al presupuesto, entonces cualquier cosa es buena. Hace dos mil años pensaban un poco distinto. En esa época, si algo era socialmente reconocido, si daba prestigio, si hacía parte de la tradición, entonces era bueno. Para Pedro el anuncio de la pasión era inaceptable, porque Jesús tenía que pasar por la cruz. Y eso era un castigo para forajidos y rebeldes. Los mismos discípulos pensaban que sólo había tres cosas socialmente aceptables: cumplir la Ley, expulsar a los romanos y salvar a la nación. Pero en esto Jesús los contradice, porque asume la voluntad de Dios y no se somete a la opinión generalizada. Para Jesús lo importante es el amor, la justicia y la verdad, es decir, algo que no le interesaba a casi nadie en esa época y mucho menos ahora. Jesús no quiere ser famoso, sino obediente a la voluntad de su Padre amado. Y ese pensamiento, en aquella época como ahora, era poco popular. Pero Dios no está interesado en las encuestas de popularidad, sino en la vida plena y abundante para todos.
Terminamos hoy la lectura de Jeremías, para empezar, desde mañana, la de otros profetas. Y la última página seleccionada es también optimista: nos anuncia una Nueva Alianza. «Vienen días...». Los cristianos estamos convencidos de que esa Nueva Alianza, que ha llevado a plenitud la del pueblo de Israel, se ha cumplido en Cristo Jesús.
Es la Alianza que él selló, no con sangre de animales, como la del Sinaí, sino con su propia Sangre en la cruz. Es la Alianza de la que nos ha querido hacer participes cada vez que celebramos el sacramento memorial de su Pascua, la Eucaristía: «tomad y bebed todos de él: éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna...».
Pero toda alianza, y más la Nueva de Cristo, nos compromete a un estilo de vida coherente. Participar de la Eucaristía supone una actitud concreta a lo largo de la jornada.
No vaya a ser que también de nosotros se tenga que quejar Dios como de Israel, por nuestra incoherencia.
El salmo nos sitúa en la dirección justa cuando apunta a un corazón renovado, humilde y alegre a la vez, un corazón vuelto a Dios: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... devuélveme la alegría de tu salvación...».
|
|
|
|