Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Jeremías (30, 1-2. 12-15. 18-22)
Estas palabras le fueron dirigidas a Jeremías de parte del Señor:"Esto dice el Señor, Dios de Israel:
'Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho' ".
"Esto dice el Señor:
'Tu quebranto es irremediable e incurables tus heridas. Estás desahuciado. Hay heridas que tienen curación, pero las tuyas no tienen remedio. Todos tus amantes te han olvidado y ya no preguntan por ti. Como si fuera tu enemigo, te herí y te impuse un cruel castigo por tu gran culpa, por tus enormes pecados.
¿Por qué te quejas de tus heridas? Tu dolor es irremediable. Por tu gran culpa, por tus enormes pecados te he tratado así' ".
"Esto dice el Señor:
'Yo cambiaré la suerte del pueblo de Israel: lo haré volver a su patria; me apiadaré de sus casas, la ciudad será reedificada sobre sus propias ruinas y el templo será reconstruido tal como era. Se escucharán himnos de alabanza y los cantos de un pueblo que se alegra.
Y los multiplicaré y ya no serán pocos, los honraré y ya no serán despreciados; sus hijos serán como eran antes, la comunidad que está delante de mí, y yo castigaré a todos sus enemigos.
Un príncipe nacerá de mi pueblo, uno de ellos mismos será su jefe. Yo lo haré acercarse y él vendrá hasta mí; porque, si no, ¿quién se atreverá a acercarse a mí? Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios' ".
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 101
El Señor es nuestro Dios.
Cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso, cuando oiga el clamor del oprimido y no se muestre a sus plegarias sordo, entonces al Señor temerán todos los pueblos, y su gloria verán los poderosos.
El Señor es nuestro Dios.
Esto se escribirá para el futuro y alabará al Señor el pueblo nuevo, porque el Señor, desde su altura santa, ha mirado a la tierra desde el cielo, para oír los gemidos del cautivo y librar de la muerte al prisionero.
El Señor es nuestro Dios.
Bajo tu protección, Señor, habitarán los hijos de tus siervos y se establecerán sus descendientes.Tu nombre en Sión alabarán por eso, cuando en Jerusalén, a darte culto, se reúnan, Señor, todos los pueblos.
El Señor es nuestro Dios.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (14, 22-36)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían:
"¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".
Entonces le dijo Pedro:
"Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua".
Jesús le contestó:
"Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo:
"Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".
Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron,
quedaron curados.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La vida humana se define por tres tipos de tareas: las posibles, las imposibles y las impensables. Los discípulos, antes de conocer a Jesús, hacían lo posible. Llevaban una vida de trabajo y de piedad hasta donde sus recursos y sus conocimientos lo permitían. El llamado que Jesús les hace para que se conviertan en pescadores de hombres se transforma en un reto para abrazar lo imposible: abandonar las pocas seguridades y darse a la tarea de anunciar el evangelio para instaurar el Reino de Dios en medio de condiciones adversas. Jesús da un paso más y realiza lo impensable. Y esto es lo que los milagros representan. Son señales de un mundo en el que la vida no está limitada por los prejuicios sociales, por las limitaciones económicas o, incluso, por las doctrinas religiosas: el cielo es el único límite. Pedro sale al encuentro de Jesús superando el obstáculo imposible de las aguas, y la voz de Jesús lo conduce al milagro. La acción de Pedro muestra el carácter particular de la fe cristiana: no nace de doctrinas o leyes, sino de arrojarse con temeridad ante el llamado de Jesús y agarrarse de su mano con todas las capacidades humanas para confiar sólo en la fuerza que viene de Él.
En la primera lectura,
la herida era incurable, pero Dios es un Dios que sabe curar. «Yo cambiaré». «Yo reconstruiré».
Eso sigue siendo verdad ahora, y con mayor motivo. Porque Dios nos ha enviado a ese príncipe que guía a su pueblo a una nueva Alianza: Cristo Jesús. Nosotros pertenecemos a ese nuevo pueblo y podemos alegrarnos de que nuestro Dios es el Dios de la misericordia y de la reconstrucción.
En nuestra propia persona, en nuestra comunidad más cercana o en la Iglesia, podemos estar viviendo situaciones que nos parecen de «heridas incurables» o de ruinas en el edificio. Pero escuchamos la voz de Dios: «yo cambiaré la suerte... los multiplicaré... vosotros seréis mi pueblo». No cabe el pesimismo. Incluso del mal quiere Dios que saquemos bien. Estas situaciones de dolor o de deterioro nos pueden servir para madurar, para ser más humildes.
El salmo nos invita a la confianza: «Cuando el Señor reconstruya Sión y aparezca su gloria... el Señor ha mirado desde su excelso santuario para escuchar los gemidos de los cautivos... los hijos de tus siervos vivirán seguros...». Sigamos creyendo en el futuro.
Sigamos creyendo en la Pascua y en el amor de Dios.
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