Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Jeremías (26, 1-9)
Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías y rey de Judá, el Señor le habló a Jeremías y le dijo: "Esto dice el Señor:
'Ve al atrio del templo y diles a todos los habitantes de Judá que entran en el templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo te voy a ordenar, sin omitir ninguna. A ver si las escuchan y se convierten de su mala vida, y me arrepiento del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas acciones'.
Diles, pues: 'Esto dice el Señor:
Si no me obedecen, ni cumplen la ley que he dado, ni escuchan las palabras de mis siervos, los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces yo trataré a este templo como al de Siló y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la tierra' ".
Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando él terminó de decir cuanto el Señor le había mandado, los sacerdotes y los profetas lo apresaron, diciéndole al pueblo:
"Este hombre debe morir, porque ha profetizado en nombre del Señor que este templo será como el de Siló y que esta ciudad será destruida y quedará deshabitada". Entonces la gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 68
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
Son más que mis cabellos los que me odian sin tener un motivo y más fuertes que yo los que pretenden con sus calumnias acabar conmigo. Lo que yo no robé, ¿acaso tengo yo que restituirlo?
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae.
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (13, 54-58)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: "¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?" Y se negaban a creer en él.
Entonces, Jesús les dijo:
"Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa". Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Sus paisanos rechazan a Jesús porque consideran que no tiene las credenciales de maestro y de profeta. Y preguntan, ¿de dónde saca todo esto? Para descalificarlo por ser un artesano, el hijo de una vecina, y por no ser "teólogo de raza", es decir por no haber recibido instrucción superior en alguna escuela de Jerusalén o de un rabino acreditado. La humildad, la sencillez y sobretodo la audacia y el carisma de Jesús se convierte en un obstáculo ante sus paisanos y de allí se pasa a la incredulidad. El problema de fondo de todo esto no era sólo que descalificaran a Jesús por su origen, oficio y formación, sino que en esa descalificación también desechaban el mensaje del evangelio. - Nosotros ahora afrontamos una realidad semejante. Tendemos a creer más en lo que dicen en la televisión o en el internet sobre Jesús que lo que nos dicen nuestros compañeros de iglesia o nuestros pastores. Incluso creemos más en lo que dice la publicidad de Jesús que en lo que dice la misma Biblia. Y todo porque pensamos que lo que sale en una pantalla o en un aviso publicitario es más real que la realidad misma.
En la primera lectura, no es que un cristiano se tenga que dedicar a anunciar catástrofes ni malas noticias. Al contrario: un cristiano cree en la Buena Noticia y la difunde donde puede.
La Buena Noticia es siempre que Dios tiene planes de salvación para todos, sobre todo ahora, a partir de la Pascua de Jesús. Jeremías pone en sus labios unos propósitos de bondad: «a ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta y me arrepiento del mal que medito hacerles». Dios no quiere, en principio, el castigo, sino que «se conviertan y vivan». Lo suyo es perdonar.
Pero una Buena Noticia -como la amistad, como el amor, como la fiesta- es exigente.
Pide correspondencia, y un género de conducta coherente con los planes de Dios. Cuando un cristiano -desde el Papa hasta el último bautizado- da testimonio de los valores de Dios, en medio de un mundo atraído por otros ídolos y valores más o menos superficiales, la reacción no suele ser precisamente de entusiasmo. Por eso ha habido y sigue habiendo tantos mártires.
Para ser profeta se necesita valentía, como la de Jeremías, que no se calló, a pesar de las amenazas. Como la de Pedro ante el Sanedrín o la de Pablo ante sus enemigos. Sobre todo, como la de Jesús ante sus acusadores, que le llevaron a la muerte. A un cristiano de hoy, seguramente, también le toca sufrir, renunciar a opciones que para otros parecen permitidas. Pero no cede en su seguimiento de Cristo. Aunque tenga que repetir las palabras del salmo: «que me escuche tu gran bondad, Señor... por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro, soy un extraño para mis hermanos, porque las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. Pero mi oración se dirige a ti... que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude».
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