Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Jeremías (14, 17-22)
Que mis ojos lloren sin cesar de día y de noche, porque la capital de mi pueblo está afligida por un gran desastre, por una herida gravísima. Si salgo al campo, encuentro gente muerta por la espada; si entro en la ciudad, hallo gente que se muere de hambre. Hasta los profetas y los sacerdotes andan errantes por el país y no saben qué hacer.
¿Acaso has rechazado, Señor, a Judá? ¿O te has cansado ya de Sión? ¿Por qué nos has herido tan gravemente, que ya no tenemos remedio? Esperábamos tranquilidad y sólo hay perturbación; esperábamos la curación y sólo encontramos
miedo.
Reconocemos, Señor, nuestras maldades y las culpas de nuestros padres; hemos pecado contra ti. Por ser tú quien eres, no nos rechaces; no deshonres el trono de tu gloria. Acuérdate, Señor, de tu alianza con nosotros y no la quebrantes.
¿Acaso los ídolos de los paganos pueden hacer llover? ¿Acaso los cielos, por sí solos, pueden darnos la lluvia? Tú solo, Señor y Dios nuestro, haces todas estas cosas, por eso en ti tenemos puesta nuestra esperanza.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 78
Socórrenos, Señor,
y te alabaremos.
No recuerdes, Señor, contra nosotros, las culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos, porque estamos totalmente abatidos.
Socórrenos, Señor,
y te alabaremos.
Para que sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador nuestro. Por el honor de tu nombre, sálvanos y perdona nuestros pecados.
Socórrenos, Señor,
y te alabaremos.
Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo; con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre y de generación en generación te alabaremos.
Socórrenos, Señor,
y te alabaremos.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (13, 36-43)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron:
"Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
Jesús les contestó:
"El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del demonio; el enemigo que la siembra es el demonio; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo,y los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

El evangelista nos da un bello ejemplo de la manera cómo los primeros cristianos interpretaban y actualizaban la enseñanza de Jesús. En la parábola, la prioridad no la recibe la mala hierba, sino la buena semilla. El campesino con sabiduría espera que la maleza se manifieste por sus frutos. La maleza suele ser más robusta y más eficaz en su crecimiento y, con frecuencia, se camufla de tal manera que a duras penas se le distingue. Pero esa misma exuberancia es su tragedia. Es tan eficiente en su tarea que le da tiempo al campesino de poner a salvo la mayor parte de su cosecha. - La vida cristiana se debate también entre la buena semilla y la maleza. El elemento que nos ayuda a discernir esto es precisamente 'la eficacia'. Algunas personas son asombrosamente eficaces para conseguir riqueza, prestigio y poder a través de ideas, instituciones o, incluso, conocimientos religiosos. Sus pretensiones riñen abiertamente con el evangelio, pero aprenden a camuflarlas. Es decir, nos dan "gato por liebre". El evangelio nos da criterios para eliminar esas prácticas en nosotros, en nuestras comunidades y en las instituciones a las que servimos. La eficacia sin caridad sólo es malicia.
En la primera lectura, las sequías y las demás desgracias que nos afligen de cuando en cuando, no son necesariamente castigo inmediato de un pecado.
Pero también nosotros deberíamos hacer nuestra la actitud penitente de Jeremías y reconocer ante Dios que nuestro egoísmo, nuestro desvío respecto a la Nueva Alianza y nuestros pecados nos acarrean muchos males, de los que luego nos tenemos que lamentar. Empezar la misa con un acto penitencial, reconociéndonos pecadores, es una buena disposición para dejarnos llenar, después, de la Palabra y de la Eucaristía.
Además, como el profeta, nos deberíamos sentir solidarios de nuestro pueblo. De su dolor. De sus desgracias. A pesar de sus pecados. No tendríamos que desesperar de nuestra generación -ni de los jóvenes ni de los mayores-, sino ayudar a todos, en lo que podemos, y orar a Dios por ellos. La «oración universal» de la misa es otro momento expresivo de nuestra sintonía «sacerdotal» (de «mediadores») con la humanidad, exponiendo sus males y carencias ante Dios, que es una manera de reconocer nuestros límites y de comprometernos a trabajar por lo mismo por lo que rezamos: por la paz, por la justicia, por el alivio de los que sufren...
Quienes seguimos a Cristo y confiamos en su ayuda ante el Padre, podemos hacer nuestro el salmo de hoy: «socórrenos, Señor, por el honor de tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados; nosotros, pueblo tuyo, te daremos gracias siempre». Lo podemos rezar pensando en nosotros mismos, y también por toda la humanidad, con la que nos sentimos solidarios, deseosos de que la salvación de Dios alcance a todos.
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