Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura del libro del
profeta Jeremías (7, 1-11)
"¿Creéis que es una cueva de bandidos el templo que lleva mi nombre?"
Palabra del Señor que recibió Jeremías:
"Ponte a la puerta del templo, y grita allí esta palabra: "¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor!
Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar. No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: 'Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.'
Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre.
Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís:
'Estamos salvos', para seguir cometiendo esas abominaciones? ¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mi nombre? Atención, que yo lo he visto."" Oráculo del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 83
"¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!"
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R/
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. R/
Dichosos los que viven en tu casa,alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; caminan de baluarte en baluarte. R/
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (13, 24-30)
Gloria a ti, Señor.
"Dejadlos crecer juntos hasta la siega"
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:
El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
Entonces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Mateo nos enseña un criterio muy importante en la vida cristiana: esperar y madurar. Esto se debe a que algunas iniciativas parecen buenas y compatibles con el evangelio; incluso las personas que las realizan parecen bienintencionadas; sin embargo, sólo un proceso de maduración y una actividad de constante evaluación permiten discriminar las iniciativas realmente buenas de las que sólo lo parecen. En el pasado muchas ideologías compitieron para asegurar al ser humano su libertad y una digna subsistencia; pero, aunque las intenciones fueran aparentemente buenas, las realidades mostraron la terrible realidad: más esclavitud y más miseria. Hoy las ideologías ya no luchan por lo de antaño, sino que ahora ofrecen la felicidad; sin embargo, el evangelio nos invita a ser cautos y a evaluar periódicamente estas ofertas para ver la realidad detrás de esas promesas tan maravillosas. Cada momento de la historia tiene sus bondades y sus precariedades; corresponde a quien se ha comprometido en el seguimiento de Jesús el discernir lo mejor para cada tiempo, cada cultura y cada necesidad. Por eso, la ventaja del evangelio es que nos exige madurar y esperar, y nos da los criterios para discernir lo mejor de acuerdo a unos valores universales y realistas.
Siguiendo la primera lectura, nosotros no nos escudamos en el Templo para buscar seguridades. Pero sí podemos tener otros puntos de apoyo psicológico, que estaríamos tal vez buscando como tapadera a nuestra conducta poco coherente.
Ni ser cristianos, o religiosos, o ministros de la comunidad, son, de por sí, una garantía de fidelidad o de salvación. Ni el decir unas oraciones o llevar medallas o participar en la Eucaristía, nos salvarán por eso solo. Jesús nos dijo que «no el que dice... sino el que cumple la voluntad de Dios». Jeremías nos advierte que la prueba de nuestra fidelidad no está en nuestras visitas al Templo que, naturalmente, son cosa buena -«¡qué deseables son tus moradas!»-, sino en la caridad, en la justicia, en nuestro trato con el prójimo y en nuestra fe en Dios, evitando quemar incienso al Baal de turno: «Atención, que yo lo he visto».
Dios dice a su pueblo que se conviertan, que cambien de conducta, y entonces sí que él estará también a gusto con ellos: «enmendad vuestra conducta y habitaré con vosotros en este lugar». Lo mismo podríamos pensar de nuestra Eucaristía, de nuestra comunión con Cristo y de su presencia continuada en el sagrario.
¿Nos sentimos denunciados por nuestra excesiva seguridad y conformismo en la vida cristiana? ¿entendemos la oración y la Eucaristía como algo que, además, compromete nuestra conducta a lo largo de la jornada, sobre todo en el terreno de la caridad y la justicia? No sólo se trata de ser cristianos, sino de vivir como cristianos, llegando a la síntesis entre la fe y la vida.
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