Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
|
|
|
Sobre las Lecturas de hoy...
|
|
|
|
Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Jeremías 2, 1-3. 7-8. 12-13
"Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes agrietados"
Recibí esta palabra del Señor:
"Ve y grita a los oídos de Jerusalén: "Así dice el Señor:
Recuerdo tu cariño de joven, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra yerma. Israel era sagrada para el Señor, primicia de su cosecha: quien se atrevía a comer de ella lo pagaba, la desgracia caía sobre él -oráculo del Señor-.
Yo os conduje a un país de huertos, para que comieseis sus buenos frutos; pero entrasteis y profanasteis mi tierra, hicisteis abominable mi heredad.
Los sacerdotes no preguntaban: '¿Dónde está el Señor?', los doctores de la ley no me reconocían, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaban por Baal, siguiendo dioses que de nada sirven.
Espantaos, cielos, de ello, horrorizaos y pasmaos -oráculo del Señor-.
Porque dos maldades ha cometido mi pueblo: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
|
Salmo Responsorial
Salmo 35
"En ti, Señor, está la fuente viva."
Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes; tu justicia hasta las altas cordilleras, tus sentencias son como el océano inmenso. R/
¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias. R/
Porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón. R/
|
Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (13, 10-17)
Gloria a ti, Señor.
"A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no"
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:
Por qué les hablas en parábolas?"
Él les contestó:
A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías:
"Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo les cure."
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
|
Sobre las Lecturas de Hoy...

Podemos comprender una realidad muy sencilla, pero muy importante: sólo aprendemos porque ya sabemos. Lo mismo podría decirse de la visión: sólo vemos lo que ya conocemos; sólo escuchamos lo que ya entendemos. El evangelio de hoy nos plantea esa aparente contradicción. La sabiduría de Dios crece en la medida en que la cultivamos; si tenemos poca o ninguna, incluso ese poco se puede perder. Por esa razón se evocan las palabras del profeta Isaías (Is 6,9-10) que encuentra la causa de la ceguera y sordera de su pueblo en la obstinación de sus líderes, que insisten en llevarlos por camino de violencia e injusticia. Por la misma razón, el aprendizaje que realizan quienes siguen a Jesús consiste en una apertura progresiva a la sabiduría de Dios que se manifiesta en la vida del pueblo pobre y sencillo. Allí se esconden los 'misterios del Reino'. Ese aprendizaje exige un cambio de percepciones y actitudes: ¿Cómo percibo la experiencia religiosa del común de los creyentes? ¿Qué puedo aprender de la religión popular? ¿Qué me enseña la Biblia de la experiencia del Pueblo de Dios? ¿Cómo transformó el seguimiento de Jesús la vida de los primeros creyentes y cómo puede transformar la mía?
En la primera lectura, al principio, en el desierto -reciente todavía la salida de Egipto- sí, Israel amaba a Dios con amor de novia y le seguía. Pero luego, cuando entró en Canaán, se sucedieron las infidelidades: profanaron la Alianza con toda clase de idolatrías. Los sacerdotes, los doctores de la ley, los pastores y los profetas -las clases dirigentes- fueron los primeros en desviarse de su deber, dando mal ejemplo a todos.
Unos y otros cayeron en la peor necedad: «me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua».
¿Mereceríamos nosotros, los cristianos -y, más aun, los religiosos o los ministros ordenados de la Iglesia- este reproche de Dios?
Las lecturas no se proclaman para que nos enteremos de lo que pasaba seiscientos años antes de Cristo. Son una palabra dicha por el Dios viviente, hoy y aquí, para nosotros.
Esta palabra nos interpela seriamente. ¿Hemos aflojado en nuestro amor primero y en nuestra memoria agradecida hacia los beneficios continuos de Dios? ¿hemos sido infieles a la Alianza? Y si somos religiosos o ministros en la comunidad, ¿hemos guiado mal a los demás, escandalizándolos con nuestro ejemplo de infidelidad?
También nosotros podríamos reconocer, si somos sinceros, que nos estamos construyendo cisternas agrietadas, de aguas contaminadas, que no apagarán nunca nuestra sed.
Jesús se presenta a sí mismo como el agua viva, en el diálogo con la samaritana, junto al pozo de Jacob. Y nos ha dicho: «si alguno tiene sed, venga a mí y beba». El agua viva y fresca que nos da Cristo es su Espíritu (Jn 7,37-39). ¿Estamos, más o menos conscientemente, tratando de saciar nuestra sed (nuestras varias clases de sed) en otros aljibes, que ya se nos ha avisado que no nos servirán para nada?
Podemos rezar por nuestra cuenta el salmo: «¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Tú nos das a beber del torrente de tus delicias. Porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz».
|
|
|
|