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Lectura de hoy Martes 24 de Julio, 2012 Santa Cristina, virgen y mártir

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Primera Lectura
Lectura de la carta del profeta Miqueas (7, 14-15. 18-20)

"Arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos"

Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios.
¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia.
Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 84

"Muéstranos, Señor, tu misericordia."

Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob, has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados, has reprimido tu cólera, has frenado el incendio de tu ira. R/

Restáuranos, Dios salvador nuestro; cesa en tu rencor contra nosotros. ¿Vas a estar siempre enojado, o a prolongar tu ira de edad en edad? R/

¿No vas a devolvernos la vida, para que tu pueblo se alegre contigo? Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/
Jesus buscado por familia
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo ( 12, 46-50)
Gloria a ti, Señor.

"Señalando con la mano a los discípulos, dijo:
"Éstos son mi madre y mis hermanos""

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó:
Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo."
Pero él contestó al que le avisaba:
¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?"
Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo:
Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
Como cristianos continuamente afrontamos el dilema de quedarnos afuera o de entrar. Así ocurre con muchas iniciativas de espiritualidad, retiros, conferencias, programas de formación o actividades de evangelización. Ese dilema se debe fundamentalmente a las seguridades que ya traemos y a lo poco claras que aparecen ciertas propuestas, sobretodo las más novedosas. Pero el punto no es siempre quedarse afuera o siempre participar. Tenemos un criterio frente a esto muy claro: debemos preguntarnos en cada caso si esas iniciativas nos acercan más a Jesús, nos hacen partícipes de su nueva familia y nos ayudan a comprender la voluntad de Dios para nuestras vidas. Si la respuesta es positiva, no hay que dudarlo: adentro de una; si la respuesta es negativa, mejor nos tomamos nuestro tiempo. El criterio que hemos mencionado de cercanía a Jesús nos permite, de igual modo evaluar muchos compromisos de nuestra vida cotidiana. Si lo fundamental en nuestra vida es la búsqueda de la voluntad de Dios en el seguimiento de Jesús, entonces muchas preocupaciones resultan superfluas y muchas acciones que juzgábamos como grandes equivocaciones se convierten sólo en dificultades de las que podemos aprender. Optar por entrar al círculo de Jesús, a su casa, supone acelerar ciertos procesos y detener otros.

En la primera lectura, los que hemos escuchado, además de la voz de los profetas, lo que nos dice Jesús sobre el amor de Dios -describiéndolo como el padre del hijo pródigo o como el pastor que busca la oveja descarriada- tenemos todavía más motivos para dejarnos llenar de esperanza y alegrarnos con esta noticia de la misericordia de Dios. Si tenemos a mano la encíclica de Juan Pablo II «Dives in misericordia» «Rico en misericordia» (de 1980), nos haría mucho bien releerla. Para nosotros mismos, también necesitamos oir esta buena noticia, porque todos somos débiles y nos alegramos del perdón de Dios. La Eucaristía la solemos empezar con la invocación «Señor, ten piedad». Y, sobre todo, en el sacramento de la Reconciliación participamos de la victoria que Jesús consiguió en su cruz contra el pecado y el mal. Y para los demás, porque no tenemos que cansarnos de proclamar esta bondad de Dios para con los débiles y pecadores. Dios deja siempre abierta la puerta a la misericordia y a la rehabilitación de las personas y de los pueblos. El salmo refleja bien la idea del profeta y nuestros sentimientos de confianza: «Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados... muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación». La última palabra de la historia no es nuestro pecado, sino, como nos dice Miqueas, el amor perdonador de Dios.

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