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Lecturas de hoy Lunes 16 de Julio, 2012 Nuestra Señora del Monte Carmelo

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (1, 10-17)

"Lavaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones"

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? dice el Señor: Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto.
Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé.
Vuestras manos están llenas de sangre.
Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda".

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 49

Oid la palabra del Senor.

"Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? -dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos" R/

"No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños." R/

"¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?" R/

"Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios." R/
Jesus y los discipulos
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (10, 34-11, 1)
Gloria a ti, Señor.

"No he venido a sembrar paz, sino espadas"

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
"No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiera a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro".
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de hoy...
Aunque el ideal del evangelio sea la justicia y el amor, esto no quiere decir que el conflicto esté ausente de su realización. El símbolo de la espada alude a esta condición particular del mensaje de salvación; es lo que llamaríamos "el precio de la gracia". No hay amor sin exigencia de justicia y no hay justicia sin conflicto. Por eso el evangelio nos pone en guardia respecto al conflicto generacional por el que se enfrentan padres e hijos, particularmente en época de cambios radicales como el tiempo neotestamentario o nuestro tiempo actual. Este conflicto evidentemente supone una toma de posición respecto a la propuesta de Jesús. O se aceptan sus valores o los que la cultura de cada época propone. - Abrazar a Jesús exige que también abracemos su causa y a aquellas personas que han optado por Jesús. Por eso el evangelio nos habla de la recompensa de quien acoge al profeta, al justo y al discípulo. Amar la justicia es, también, aborrecer la injusticia. Amar a Jesús es inseparable de asumir el conflicto que su mensaje genera y de aceptar a las personas que como él se comprometen a realizar la voluntad de Dios en los ideales del amor y la justicia.

El sábado leíamos la vocación profética de Isaías, el profeta escritor más importante de Israel. Hoy ya le vemos actuando, y con valentía. En la primera lectura, una vez más, Dios se solidariza con los débiles y oprimidos. Una lección que sigue teniendo plena actualidad. No podemos engañar a Dios con oraciones y ritos, si a continuación nuestro trato con los demás es injusto o egoísta. La liturgia no puede ser encubridora de nuestros fallos y tranquilizante de nuestras perezas. El salmo prolonga la voz del profeta: «no te reprocho tus sacrificios, pero no aceptaré un becerro ni un cabrito... tú que te echas a la espalda mis mandatos. Esto haces ¿y me voy a callar?». Nos gustaría que todo consistiera en cantar bien o en ofrecer unos sacrificios o unas limosnas. Pero a eso -que es bueno- debe acompañarle la caridad, la misericordia, la justicia: que seamos defensores de los oprimidos y abogados de los débiles. A los que «vamos a misa», ¿se nos podría acusar de que, luego, somos los que peor tratamos a los demás en casa o en el trabajo? Nos tenemos que preguntar si nuestros sacramentos son vacíos, meras palabras y gestos; si lo que buscamos en nuestros ritos es una cierta garantía de la salvación. El salmo nos dice dónde está la clave: «al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios». Los cristianos tenemos muy marcado ese camino por Jesús, en su evangelio, en sus bienaventuranzas: es un camino de caridad y de paz y de misericordia. Si no es así, van para nosotros las duras palabras de Dios: ante vuestros ritos «cierro los ojos», ante vuestras oraciones «no os escucharé».

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