Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura
Lectura de la carta del profeta
Oseas 8, 4-7.11-13
"Siembran vientos y cosechan tempestades"
Esto dice el Señor:
Han puesto reyes sin mi aprobación, han establecido príncipes sin saberlo yo. Con su plata y su oro se han hecho ídolos, para su propia ruina. Me repugna tu becerro, Samaria; mi ira se enciende contra ellos.
¿Hasta cuándo estarán sin purificarse? Viene de Israel, lo ha hecho un artesano. ¡Eso no es Dios! Será, pues, hecho astillas el becerro de Samaria. Siembran vientos y cosechan tempestades: su grano no dará espigas, ni la espiga, harina; y si la da, extranjeros la devorarán. Efraín ha multiplicado los altares, pero han sido sólo para pecar. Aunque les escriba miles de leyes, las consideran como de un extraño. Les gusta ofrecerme sacrificios y comer la carne inmolada. Pero el Señor no los acepta, sino que recordará sus culpas, les tomará cuentas de sus pecados y tendrán que regresar a Egipto.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 113
"Nosotros confiamos en el Señor."
Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiere lo hace. Los ídolos de las naciones, en cambio, son de plata y oro, y han sido fundidos por manos humanas.
Nosotros confiamos en el Señor.
Tienen boca y no hablan, tiene ojos y no ven, tienen orejas y no oyen, tiene nariz y no huelen.
Nosotros confiamos en el Señor.
Tienen manos y no tocan, tienen pies y no caminan, ni un sonido emite su garganta. Sean como ellos quienes los fabrican, quienes confían en ellos.
Nosotros confiamos en el Señor.
Pueblo de Israel, confía en el Señor: él te auxilia y te defiende; descendencia de Aarón; confía en el Señor: él te auxilia y te defiende.
Nosotros confiamos en el Señor.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 9, 32-38
Gloria a ti, Señor.
"La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos."
En aquel tiempo llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó el demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada:
"Nunca se había visto en Israel cosa igual".
En cambio, los fariseos decían:
"Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios". Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, "como ovejas que no tienen pastor". Entonces dijo a sus discípulos:
"La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Para el evangelista Mateo, la misión de Jesús estuvo caracterizada en esta segunda etapa por cuatro acciones: recorrer, enseñar, proclamar y sanar. Todas y cada una de ellas lo diferenciaban de los maestros y de los movimientos religiosos y sociales de esa época. Pero tal vez lo más característico fue su preocupación y cuidado del pueblo pobre, comparado con un 'rebaño sin pastor'. Era bien sabido para los lectores de los evangelios la situación difícil de las ovejas sin el cuidado de un pastor, porque a diferencia de las cabras que se organizan en manadas pequeñas o que son capaces de sobrevivir solas, las ovejas necesitan el cuidado frecuente de alguien que las conduzca hacia mejores pastos, las defienda de las fieras y las limpie de parásitos peligrosos. En el evangelio de Mateo esta situación es afrontada directamente por Jesús con la serie de curaciones o acciones terapéuticas y, de ahora en adelante, por medio de un discurso llamado apostólico con el que instruye a sus seguidores en la atención y cuidado de esa masa de personas que percibe en Jesús y su grupo una esperanza.Nosotros tenemos ahora el mismo desafío de los apóstoles: dejarnos formar por las enseñanzas de Jesús.
De acuerdo con la primera lectura, cuando hablamos de idolatría, nos viene espontáneo pensar en unas estatuillas hechas de madera, barro o piedra, a las que los idólatras rinden culto, a pesar de saber que no son dioses, sino hechura de sus propias manos.
Pero todos somos idólatras cuando levantamos altares y prestamos nuestra atención a los dioses que nosotros mismos nos hemos fabricado. No serán estatuillas, pero sí el dinero, el poder, el placer, el éxito, una ideología... Somos idólatras cuando damos a los valores secundarios la importancia que sólo los últimos merecen, y entonces faltamos al primero y principal de los mandamientos: «no tendrás otro dios más que a mí».
¿Nos extrañaremos, luego, de nuestra esterilidad, de nuestros fracasos, del deterioro de la sociedad o de la Iglesia? El que siembra vientos recoge tempestades, a corto o largo plazo. El salmo, no sin ironía, describe este fallo básico: «sus ídolos son plata y oro, hechura de manos humanas... tienen boca y no hablan... que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos». Son ídolos que no valen nada y, sin embargo, hay gente que los sigue adorando y poniendo en ellos su confianza.
Nosotros, por el contrario, deberíamos ser el pueblo de la Alianza: «Israel confía en el Señor, él es su auxilio y su escudo». Deberíamos rendir culto sólo a Dios y relativizar todas las demás cosas, también a nosotros mismos.
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