Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta
Amós (8, 4-6. 9-12)
Escuchen esto, los que buscan al pobre sólo para arruinarlo y andan diciendo: "¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes para vender nuestro trigo, y el descanso del sábado para reabrir nuestros graneros?"
Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran y hasta venden el salvado como trigo.
Pues bien, en aquel día, dice el Señor, yo haré que se oscurezca el sol en pleno día y, a plena luz, cubriré la tierra de tinieblas. Convertiré en duelo las fiestas de ustedes y en gemidos, sus canciones. Haré que todos se vistan de sayal y se rapen por completo la cabeza. Ese día será como de luto por el hijo único y su final será de llanto y amargura.
Días vendrán, dice el Señor, en que les haré sentir hambre, pero no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra del Señor.
Entonces andarán errantes de norte a sur y de oriente a poniente buscando la palabra del Señor, pero no la encontrarán".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 118
Con todo el corazón,
Señor, te busco.
Dichoso el que es fiel a las enseñanzas del Señor y lo busca de todo corazón. Con todo el corazón te voy buscando, no me dejes desviar de tus preceptos.
Con todo el corazón,
Señor, te busco.
Mi alma se consume, deseando sin cesar tus mandamientos. He escogido el camino de la lealtad a tu voluntad y a tus mandamientos.
Con todo el corazón,
Señor, te busco.
Mira cómo anhelo tus decretos: dame vida con tu justicia. Hondamente suspiro, Señor,por guardar tus mandamientos.
Con todo el corazón,
Señor, te busco.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (9, 9-13)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: "Sígueme".
El se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos:
"¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?"
Jesús los oyó y les dijo:
"No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Las acciones de Jesús están cargadas de mensaje profético y se explican en un tono sapiencial. La profecía y la sabiduría se juntan en la vida y en el ministerio de Jesús. El gesto profético se hace evidente en la actitud de Jesús de acoger a los publicanos, despreciados por el pueblo por servir al invasor romano y despreciados por los más creyentes por estar en contacto con monedas y soldados extranjeros. Las acciones proféticas son las mismas de Oseas que insistía más en la eficacia del amor y la misericordia que en la inútil multiplicación de gestos piadosos. La sabiduría se muestra en la aplicación de los dichos populares para explicar lo que allí ocurría. Jesús sabe que el valor de su acción radica en dar prioridad a todos aquellos que más lo necesitan; en optar preferentemente por todos aquellos que serían objeto de la acción de Dios, como la enfermera que llega a un campo de batalla y socorre en primer lugar a los que están más gravemente heridos. - Profecía y sabiduría van de la mano para ayudarnos, a nosotros también, a identificar cuáles son las prioridades de nuestra acción como cristianos en cada momento de la historia.
En la primera lectura, nos hace bien recordar que la fe pasa por la caridad.
Esta página de Amós no se aplica sólo a los ricos que explotan a los pobres o a los cínicos que se enriquecen a costa de toda clase de trampas, ahora más sofisticadas. Sino a todos nosotros, porque todos podemos ser injustos con las personas con quienes convivimos.
Puede parecernos extraño el castigo que anuncia Dios: su silencio, la ausencia de su palabra, la falta de profetas que hablen en su nombre. ¿No estamos experimentando en nuestra historia la falta de vocaciones proféticas? Dios, tal vez, nos quiere purificar de nuestras perezas y materialismos, y despertar en nosotros hambre de su palabra.
Aunque lo que tal vez tenemos que constatar es que sí hay profetas, pero seguimos con la misma dureza de corazón que los contemporáneos de Amós y no les queremos escuchar.
Ojalá la comunidad cristiana -y la sociedad en general- llegara a tener esa «hambre de la palabra de Dios» para poder caminar con una guía más segura por los caminos de la historia. Ojalá creyéramos lo que dice el estribillo del salmo: «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
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