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Lectura de hoy Jueves 05 de Julio, 2012 San Antonio Maria Zaccaria, fundador

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Sobre las Lecturas de hoy...


Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Amós (7, 10-17)

En aquel tiempo, Amasías, sacerdote de Betel, le envió este mensaje a Jeroboam, rey de Israel:
"Amós está conspirando contra ti en Israel y el país ya no puede soportar sus palabras, pues anda diciendo que Jeroboam morirá a espada e Israel saldrá de su país al destierro".
Amasías le dijo a Amós:
"Vete de aquí, visionario, y huye al país de Judá; gánate allá el pan, profetizando; pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque es santuario del rey y templo del reino".
Respondió Amós:
"Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: 'Ve y profetiza a mi pueblo, Israel'.
Y ahora escucha tú la palabra del Señor: 'Tú me dices:
No profetices contra la casa de Israel. No vaticines contra la casa de Isaac'. Pues bien, esto dice el Señor:
'Tu mujer será deshonrada en plena calle; tus hijos e hijas morirán a espada; tu tierra se la repartirán los vencedores; tú mismo morirás en tierra pagana e Israel será desterrado lejos de su país' ".

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 18

La voluntad de Dios es santa.

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
La voluntad de Dios es santa.

En los mandamientos de Dios hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.
La voluntad de Dios es santa.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
La voluntad de Dios es santa.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.
La voluntad de Dios es santa.
Curando al Paralitico
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (9, 1-8)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad. En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico:
"Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados". Al oír esto, algunos escribas pensaron: "Este hombre está blasfemando". Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo:
"¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir 'Se te perdonan tus pecados', o decir 'Levántate y anda'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, -le dijo entonces al paralítico-:
Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
El temor a transgredir una costumbre bien establecida en una sociedad nos puede llevar a darle más valor a las doctrinas que a las personas. Jesús desafía esa mentalidad. Para él, la persona está en primer lugar, en especial si se trata de alguien que sufre. Jesús, aunque su acción implique ser tachado de 'blasfemo', no teme liberar de la culpa a un hombre cuyos temores lo paralizan al punto de impedirle el movimiento. Pero tal vez sea una blasfemia mayor el no encauzar la fuerza transformadora de la propia religión a favor del bienestar de la persona que sufre. Jesús opta por desafiar a sus adversarios para asumir una actitud eficaz de compasión, amor y solidaridad como camino para alcanzar la libertad humana. - En nuestra época las blasfemias ya no tienen que ver con contradecir ciertas doctrinas religiosas, sino con cuestionar las prácticas que nuestra cultura secular consagra. Está mal visto el cuestionar hábitos de consumo desaforado e injustificado que paralizan a la mayor parte de la gente y la llevan al sedentarismo, la obesidad y el conformismo. De igual modo, se ha vuelto incuestionable la explotación a la que son sometidas naciones enteras con el objetivo de bajar los costos de producción.

En la primera lectura, desde siempre, los profetas verdaderos son perseguidos, porque dicen, no lo que el pueblo o sus gobernantes quieren escuchar, sino lo que ellos creen que es la voz de Dios. Por eso, tanto en el AT como en el NT, en la historia antigua y en la moderna, se les quiere hacer callar o se les destierra o se les elimina sin más. Como a Cristo Jesús, el profeta por excelencia. Lo cual nos da lecciones en dos sentidos. Ante todo, los cristianos somos llamados a dar testimonio de Cristo y de su evangelio en medio del mundo de hoy, y tendríamos que ser valientes y diáfanos en ese testimonio, aunque resulte contra corriente y podamos ser perseguidos o mal comprendidos. Con nuestro testimonio no nos buscamos a nosotros mismos, ni las ventajas económicas o sociales. Sino que buscamos el bien de los demás, tal como lo quiere Dios, aunque nos comporte dificultades. Cuando quisieron hacer callar a Pedro, que estaba dando testimonio de Cristo ante el pueblo, él respondió a las autoridades que debía obedecer a Dios y no a los hombres. Por otra parte, cuando también a nosotros alguien nos pueda decir una palabra profética, o sea, cuando alguien ejercite con nosotros ese raro y precioso servicio de la corrección fraterna, deberíamos saber aceptar su voz como venida de Dios y pensar en qué puede tener razón. Lo mismo, cuando a la Iglesia o a la humanidad una voz profética les recuerde los caminos que Dios quiere, y no los de la moda de turno. La reacción debería ser de humilde acogida, sin echar mano de las mil excusas que se nos ocurren siempre que nos dicen algo incómodo. Lo que tenemos que buscar en nuestra vida no es la comodidad o el interés propio, sino la voluntad de Dios. Con el salmo tenemos que recordar que «los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos... Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón».

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