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Lecturas de hoy Lunes 02 de Julio, 2012 San Francisco de Regis, Jesuita

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

Participa a tus familiares y amistades invitándoles a subscribirse a este servicio diario.


Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Amós (2, 6-10. 13-16)

Esto dice el Señor:
"Por sus innumerables pecados no perdonaré a Israel. Porque venden al inocente por dinero, y al pobre, por un par de sandalias. Aplastan a los pobres contra el suelo y sacan del camino a los humildes.
Padre e hijo acuden a la misma mujer, profanando mi santo nombre. Sobre ropas tomadas como prenda se sientan a comer en sus santuarios y se beben las multas de los pobres en el templo de su Dios.
Cuando ustedes llegaron a esta tierra, yo destruí a los amorreos; eran altos como los cedros y fuertes como las encinas; destruí sus frutos por arriba, y por abajo, sus raíces. En cambio, a ustedes yo los saqué de Egipto y los conduje por el desierto durante cuarenta años, para darles en posesión la tierra de los amorreos.
Pues bien, ahora yo los aplastaré contra el suelo, como la carreta tritura las espigas. El más veloz no logrará escapar, al más fuerte de nada le servirá su fuerza, y ni el más valiente salvará su vida. El arquero no resistirá, no se librará el más ágil, el jinete no se salvará, el soldado más fuerte y valiente huirá desnudo aquel día".

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 49

Perdona a tu pueblo, Señor.

¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú, que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?
Perdona a tu pueblo, Señor.

Cuando ves un ladrón, corres con él, te juntas con los adúlteros; usas tu lengua para el mal, tu boca trama el engaño.
Perdona a tu pueblo, Señor.

Te pones a insultar a tu hermano y deshonras al hijo de tu madre. Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme? ¿Crees acaso que yo soy como tú? No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados.
Perdona a tu pueblo, Señor.

Quien las gracias me da, ése me honra, y yo salvaré al que cumple mi voluntad. Entiendan bien esto los que olvidan a Dios, no sea que los destroce sin remedio.
Perdona a tu pueblo, Señor.
Siguiendo a Cristo
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (8, 18-22)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al ver Jesús que la multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente. En ese momento se le acercó un escriba y le dijo:
"Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas".
Jesús le respondió:
"Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en donde reclinar la cabeza".
Otro discípulo le dijo:
"Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió:
"Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de hoy...
El texto evangélico nos coloca ante una actitud noble de conciencia responsable. Cierto letrado, herido de amor por los gestos de Jesús, le promete, sin distingos, seguirle a dondequiera que vaya. Pero Jesús le pone sus cautelas, para que su disposición interior no sea un impulso momentáneo sino un proyecto firme: puedes seguirme, pero prepárate para vencer todo tipo de dificultades, comenzando por la pobreza sincera. Si lo aceptas, emprenderás el camino de la santidad. ¿Aceptó el letrado? No nos consta que lo hiciera. Si lo hizo, bendito él. En cambio, a un segundo interesado, que ya estaba en el discipulado de Jesús, éste le fuerza a que intensifique los signos de fidelidad y a que no titubee: tú colócate por encima de esos compromisos y arriésgate; ven en pos de mí. Si somos ya de los 'discípulos', ¿oímos su voz en esta celebración litúrgica?

La vida moderna nos impone un ritmo que parece llevarnos muy lejos y a gran velocidad. Sin embargo, el sentido de urgencia que nace de este ritmo sólo conduce al estrés y a la desesperación. Hace dos mil años también se vivía en un ritmo frenético, pero por otros motivos. La gente de ese tiempo se daba cuenta de que su mundo se estaba transformando rápidamente y de que los cambios eran radicales. Por esta razón, daba siempre prioridad a pocas cosas. La primera de ellas era su experiencia espiritual. Esa época vio nacer la mayor parte de tradiciones religiosas, sociales y culturales que son la base de todo lo que existe ahora. También la comunidad cristiana descubrió a través de la enseñanza de Jesús la urgencia y la prioridad de su momento histórico. La urgencia, descubrir una experiencia espiritual que les sirviera de guía en medio de la incertidumbre de un mundo que estaba en constante cambio; la prioridad, asegurar esa experiencia espiritual en el seguimiento de Jesús, es decir, actualizando sus enseñanzas y redescubriendo el sentido que la cruz tenía para ellos. ¿Cómo podría nuestra espiritualidad cristiana ayudarnos a comprender los desafíos de nuestro tiempo?

En la primera lectura, la primera página que leemos de Amos, es una denuncia muy directa de los pecados de Israel y de sus clases dirigentes. Se han olvidado de los continuos favores que les ha hecho Dios al sacarles de Egipto y defenderles de sus enemigos. Se han olvidado de la Alianza. Con un lenguaje directo, propio del hombre de campo que es, Amós echa en cara a los dirigentes del pueblo su pecado y les amenaza de un modo muy expresivo: también ellos serán aplastados, como aplastan a los pobres, y no podrán escapar al juicio de Dios, por mucho que intenten correr.

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