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Lectura de hoy Jueves 28 de Junio, 2012 San Ireneo, obispo de Lyón

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

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Sobre las Lecturas de hoy...


Primera Lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes (24, 8-17)

Joaquín tenía dieciocho años cuando subió al trono, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén. Joaquín, igual que su padre, hizo lo que el Señor reprueba.
En aquel tiempo, subió contra Jerusalén el ejército de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y sitió la ciudad.
Nabucodonosor llegó a la ciudad mientras sus hombres la sitiaban. Entonces Joaquín, rey de Judá, junto con su madre, sus servidores, sus jefes y sus funcionarios, se rindieron al rey de Babilonia y éste los hizo prisioneros.Era el octavo año del reinado de Nabucodonosor.
Nabucodonosor se llevó de Jerusalén todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real. Destrozó todos los objetos de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo, conforme a las órdenes del Señor.
Nabucodonosor se llevó al cautiverio a toda Jerusalén, a todos los jefes y hombres de importancia, con todos los carpinteros y herreros, en número de diez mil, y sólo dejó a la gente pobre de la región. También llevó cautivos a Babilonia al rey Joaquín, con su madre, sus mujeres, los funcionarios de palacio y toda la gente valiosa, todos los soldados, en número de siete mil, los carpinteros y herreros, en número de mil; y todos los hombres aptos para la guerra fueron deportados a Babilonia.
Y en lugar de Joaquín, Nabucodonosor nombró rey a un tío de Joaquín, Matanías, a quien le puso el nombre de Sedecías.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 78

Socórrenos, Dios, salvador nuestro.

Dios mío, los paganos han invadido tu propiedad, han profanado tu santo templo y han convertido a Jerusalén en ruinas.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro.

Han echado los cadáveres de tus siervos a las aves de rapiña, y la carne de tus fieles, a los animales feroces.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro.

Hemos sido el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar enojado y va a arder como fuego tu ira?
Socórrenos, Dios, salvador nuestro.

No recuerdes, Señor, contra nosotros las culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos, porque estamos totalmente abatidos.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro.

Para que sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador nuestro. Para que sepan quién eres, sálvanos y perdona nuestros pecados.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro.
Jesus y los discipulos
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (7, 21-29)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
Aquel día muchos me dirán:
'¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
Roca y arena son el cimiento de la civilización actual. Nuestras ciudades están hechas con estos dos materiales con los que se prepara la mezcla que dará origen al concreto. Estas mismas palabras están en la música que identifica nuestro tiempo, el famoso "Rock and roll", que mezcla sonidos de origen afroamericano, europeo y campesino. Pues bien, el evangelio nos propone el dilema de edificar sobre un cimiento firme, como es la roca, que exige subir a una montaña, o sobre la arena, que está en la parte más accesible y baja del valle. La roca exige sacrificio, tesón y mucha capacidad para posponer las gratificaciones, pues una casa en lo alto de la roca difícilmente se edifica en unas semanas. La otra opción es el camino fácil y placentero. - En la vida cristiana enfrentamos los mismos dilemas. Podemos aceptar la invitación de Jesús para seguirlo y aprender de él por el camino difícil, o podemos tomar la vía sencilla de una espiritualidad difusa y tal vez más reconfortante. Podemos elegir construir sobre el cimiento de su palabra, que exige un ascenso desde las generalidades de nuestra religión a la cumbre de su sabiduría, o podemos tomar el camino que desciende por el valle de una religión inspirada en ideas culturales.

La primera lectura nos ensena que cuando suceden catástrofes, tanto personales como comunitarias, deberíamos sacar consecuencias y reflexionar sobre las causas que las han originado y sobre la parte de culpa que todos tenemos. Muchas veces, la ruina de una persona se debe a fallos que, al principio, eran insignificantes, pero se descuidaron y fueron creciendo. La ruina de una comunidad o de una sociedad también suele tener causas diversas: económicas, políticas, personales; y, muchas veces, también de dejadez religiosa y pérdida progresiva de valores que son necesarios para toda convivencia humana. Saber escarmentar es una buena sabiduría. Nos hace humildes. Nos predispone a reconocer el protagonismo de Dios y nuestra infidelidad a su amor. El salmo de hoy, además de lamentarse de la desgracia del pueblo, es también una oración que reconoce la culpa y pide a Dios su protección: «¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar siempre enojado?... Iíbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu nombre». Dios saca bien incluso de nuestras miserias: nos purifica, nos hace recapacitar, nos ayuda a aprender las lecciones de la vida para no volver a caer en las mismas infidelidades y fallos.

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