Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura

Lectura del segundo libro de
los Reyes (22, 8-13; 23, 1-3)
Por aquel entonces, el sumo sacerdote Jilquías dijo a Safán,delegado del rey Josías:
"He hallado en el templo el libro de la ley". Jilquías entregó el libro a Safán, quien lo leyó. Luego, Safán fue a ver al rey y le rindió cuentas, diciendo:
"Tus siervos han fundido el dinero del templo y se lo han entregado a los encargados de las obras". Y añadió:
"El sacerdote Jilquías me ha entregado un libro". Y lo leyó en presencia del rey. Cuando el rey oyó las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestiduras y ordenó al sacerdote Jilquías; a Ajicam, hijo de Safán; a Akbor, hijo de Miqueas; al delegado Safán y a Asaías, ministro suyo:
"Vayan a consultar lo que dice el Señor acerca de mí, del pueblo y de todo Judá en este libro que se ha encontrado, pues el Señor está enfurecido con nosotros, porque nuestros padres no escucharon las palabras de este libro y no cumplieron lo que en él está escrito".
Cuando ellos trajeron la respuesta, el rey convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén y se dirigió hacia el templo, acompañado por los hombres de Judá y todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más grande, y les leyó el libro de la alianza, hallado en el templo.
Después, de pie sobre el estrado y en presencia del Señor, renovó la alianza, comprometiéndose a seguir al Señor y a cumplir sus preceptos, normas y mandatos, con todo el corazón y toda el alma, y a poner en vigor las palabras de esta alianza, escritas en el libro. Y todo el pueblo renovó también la alianza.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 118
Muéstranos, Señor,
el camino de tus leyes.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.
Muéstranos, Señor,
el camino de tus leyes.
Guíame por la senda de tu ley, que es lo que quiero. Inclina mi corazón a tus preceptos, y no a la avaricia.
Muéstranos, Señor,
el camino de tus leyes.
Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra. Mira cómo anhelo tus decretos: dame vida con tu justicia.
Muéstranos, Señor,
el camino de tus leyes.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (7, 15-20)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Uno de los problemas más frecuentes en la misión del Pueblo de Dios es el de discernir entre los profetas auténticos y los que no lo son. Ya el Antiguo Testamento había dado algunas pistas para distinguirlos. La primera consiste en alejar la figura profética de cualquier concepción mágica (Dt 18,9-12) y no confundirla con las dotes de la percepción intuitiva de los videntes y visionarios que, aunque valiosas y respetables, no son una condición para el auténtico profetismo (cf. 1 Sam 9,11-12). La segunda, en descubrir su genuino interés por el destino del Pueblo de Dios (Dt 18,15-16). Por último, y no de menor importancia, el «efecto profético» que consiste en contar con el apoyo de una comunidad que continúe su testimonio y se lo recuerde al pueblo en el momento oportuno (Dt 18,21-22). A esto, el evangelio suma el criterio de los frutos o buenas obras. La figura de los frutos simboliza la oportunidad, calidad y maduración que necesita cualquier llamada profética para alcanzar su cometido. El fruto requiere cultivo y cuidado y la vocación profética aún más. - ¿Cómo cultivamos nosotros la vocación profética cristiana en estos tiempos de indiferencia y conformismo ante el destino de la humanidad?
La primera lectura nos recuerda a los cristianos que no sólo debemos preocuparnos de ser nosotros mismos fieles a la llamada que hemos sentido de Dios, sino también, de ayudar a otros -niños, jóvenes, alejados- a redescubrir a Dios en sus vidas, a volver a escuchar, si lo han olvidado, el libro de la Palabra de Dios.
Sacerdotes, catequistas, misioneros, profetas, padres, educadores de la fe, maestros cristianos: éstos son el nuevo Josías y el nuevo Jeremías que quieren ayudar a este mundo a descubrir, en los valores cristianos, la verdadera respuesta a sus preguntas y problemas.
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