Las palabras son siempre torpes para despedir a un maestro. Es por eso que estas líneas serán insuficientes para transmitir este sentir en la garganta, este estrujón de corazón, este remolino que sacude la mente dando vueltas y vueltas a tantas lecciones aprehendidas y a muchísimas memorias, esta serenidad de que su legado y nuestra lucha continúa.
Ayer le dimos el hasta siempre a nuestro compañero
y mentor Roberto Martínez. Fue un hombre comprometido con su tiempo, un
recopilador de testimonios desgarradores de tantos migrantes
perseguidos por la patrulla fronteriza; de tantos jóvenes golpeados por
la policía, de tantos actos de racismo y de violencia en contra de
nuestro pueblo.
Pero la lucha de Roberto no sólo fue escuchar las
historias de dolor, Roberto fue sobretodo un tejedor de esperanza, un
guerrero armado de la verdad, un ser imprescindible.
Cuando el racismo mostraba sus garras horrendas;
Roberto lo señalaba, lo denunciaba y lo combatía con coraje y
determinación. Con voz sutil de profeta se pronunció contra el muro de
la muerte, advirtió al gobierno que de construirse los muros en la
frontera, significaría una muerte segura para nuestro pueblo. Dijo que
la pesadilla se avecinaba. Exigió justicia y aunque su clamor no
siempre encontró un oído receptivo en los gobernantes, su denuncia
reconfortó a nuestro pueblo y su presencia fue siempre como esa luz
cabal y anhelada al final del túnel de este largo camino por alcanzar
la justicia.
Voces como la de Roberto, son necesarias, urgen en
nuestra frontera. Porque en estos momentos donde nos vamos
acostumbrando a la violencia, hace falta quien ponga un alto, quien
diga basta y quien señale el camino correcto. Hace falta quien llene de
dignidad a nuestra sociedad al hacer visible a los invisibles; al
proyectar la voz de los de abajo; al sacudir la verdad del falso ropaje
que los poderosos le colocan.
Por eso la voz de Roberto no se ira con él,
perdurará. Por que la verdad no se extingue tan fácilmente y los seres
bondadosos no podrán ser nunca arrancados de la memoria del pueblo.
Nuestro pueblo tiene la obligación ahora de
continuar enarbolando la bandera de los derechos humanos, causa a la
cual Roberto se entregó en cuerpo y alma. Es indispensable también
agradecer a Yolanda, compañera de vida de Roberto, quien nos dio toda
una lección de dignidad. A los hijos y nietos de Roberto gracias por
compartir con nuestro pueblo de tan generosa manera a su padre.
Ahora Roberto trasciende a su tiempo y se convierto
en esos seres que le pertenecen al pueblo y a su lucha. Como todo
alumno se que cometí errores y los seguiré cometiendo. Solo me queda
comprometerme a seguir el legado que Roberto el maestro, en todos los
sentidos, nos dejó: Luchar con todas nuestras fuerzas, pero siempre con
respeto y dignidad, a la injusticia.
No tengo duda, de que lenta pero inexorablemente la
justicia llegará y cuando ese día llegue, la frontera y su pesadilla
será un recuerdo amargo y Roberto Martínez estará siempre presente. Por
que antes Roberto Martínez era imposible decir derechos humanos y
frontera en una sola oración. Después de él, ahora, hablar de la
frontera sin no antes exigir nuestros derechos es una de las peores
groserías que se puedan pronunciar.
Descansa en paz compañero, tu voz acendrada, tenaz
y llena con la música de la rebeldía ahora vuela libre, sin necesidad
de documentos y sin fronteras. Descansa en paz compañero que nadie más
que tú se lo merece.