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Segunda Parte de la Homilía de Mons. Errázuriz con Motivo de la Celebración de los 100 Años de la Ordenación Sacerdotal del P. Kentenich
 
Aviso:
 
El acceso al Santuario sigue cerrado
 
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Eventos Próximos:
 
Celebración de los 100 de la Ordenación Sacerdotal del P. J. Kentenich 
 
  • Cuándo: Sábado 21 de agosto, 7:00 pm
  • Dónde: Casa del Movimiento de Schoenstatt en Monterrey 
Enlaces Rápidos
 
 

Estimado(a) 

Compartimos ahora contigo la segunda de tres partes en las que hemos dividido la homilía que Mons. Francisco Javier Errázuriz, Cardenal de Santiago, dio en el Santuario de Bellavista, en Chile, con motivo de la celebración de los 100 años de la ordenación sacerdotal del P. José Kentenich.
 
También puedes consultar el aquí el Portal de Schoenstatt Monterrey con el texto completo de la homilía de Mons. Errázuriz. Que sus palabras nos sirvan de preparación para la celebración que tendrá la Familia de Schoenstatt en Monterrey este sábado a las 7:00 pm en la Casa del Movimiento:
 
Mons. Francisco Javier Errázuriz
Mons. F.J. Errázuriz
Lo celebramos, porque dio todo lo suyo, su tiempo, sus talentos, sus fuerzas y todo su amor para colaborar con Dios, y reflejar a su Hijo con la mayor plenitud posible. Cuando nos decía en más de una oportunidad, recordando expresiones de los primeros siglos del cristianismo, que quien veía al hermano veía a Cristo, implícitamente nos manifestaba  que ése era su anhelo y su vida. Lo mismo, cuando nos recordó otra manifestación del misterio, formulada hace muchos siglos, según la cual el sacerdote ha de ser en la tierra después de Dios, tan semejante a Dios que quienes se acerquen a él tengan una experiencia del mismo Dios. Así quiso manifestar no sólo un ideal para todos los sacerdotes, sino sobre todo el anhelo más hondo de su vida como pastor: amar a los suyos, confiar en ellos, y entregarse a ellos día y noche, prolongando el amor, la confianza y la entrega del Sumo Sacerdote,  Jesucristo, nuestro Señor. También expresaba un ideal para todos nosotros, como asimismo el norte de su propia vida sacerdotal, cuando nos decía que debíamos ser en este mundo, imágenes actuantes y peregrinas nada menos que del mismo Dios.
 
¿Cómo no celebrar con inmensa gratitud a Dios, y también a la persona del Padre Kentenich, por su entrega, su sabiduría y su amor? Por su entrega de cada día, unida por él al ofrecimiento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Por su sabiduría, que sigue llegando hasta nosotros en sus retiros, sus jornadas y sus pláticas, -y en los retiros, las jornadas, las conferencias y las conversaciones de quienes hablan en su nombre, constituyéndose él mismo para todos nosotros en verdadero padre espiritual, ya sea hace muchos años en la tierra o después desde el cielo. Agradecemos también por su amor, inseparablemente unido al amor de nuestra Madre, Reina y Victoriosa tres veces admirable de Schoenstatt, que nos ha ayudado a superar temores, pequeñeces y caminos extraviados. Ellos nos han ayudado a abrir nuestro espíritu y nuestra vida en el Espíritu Santo para que nos sobrecoja el amor del Padre de los cielos que nos ama con amor de predilección, y quiere prolongar su amor fuerte y generoso a través de nosotros: en la familia, en las comunidades que nos confía y en nuestra Patria, llegando a ser santuarios vivos de su amor.
(Continuará)
 
Unidos en Alianza,
 
 Guillermo y Gaby Rubio
Jefes de la Rama de Familias
Schoenstatt Monterrey