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Queremos también compartir contigo la primera de tres partes de la homilía dada el 8 de julio por el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz con motivo de esta importante fecha: Nos reunimos para celebrar 100 años de gracias y bendiciones, y también para decirle a nuestro Padre y Fundador que la obra de su vida no quedará inconclusa. Celebramos 100 años desde la ordenación sacerdotal de nuestro padre y fundador y cien años de la obra de su sacerdocio en la Iglesia. Como lo expresó el mismo Padre al cumplir 25 años de su ordenación: celebrar con gratitud su sacerdocio y su obra, constituía asimismo una celebración de la riqueza que todos nosotros -laicos y sacerdotes- hemos aportado a su labor sacerdotal de entonces en la tierra y a su intercesión sacerdotal en el cielo. Celebramos igualmente lo que nos han aportado sus hijos sacerdotes, que recibieron la riqueza de su carisma sacerdotal y la han transmitido a la Familia de Schoenstatt y a la gran Familia de Dios que es la Iglesia. Celebramos 100 años desde que Cristo, Cabeza de la Iglesia, hiciera con él una alianza de amor, que tuvo la fuerza de convertirlo, por obra del Espíritu Santo, en otro Cristo, Buen Pastor y Sumo Sacerdote, Hijo del Padre de los cielos y de María Sma., y reflejo del Padre sabio, fuerte y bondadoso. Así llegó a ser prolongación de Jesús, Amor y Evangelio del Padre para sus hijos, gestor de la alianza de amor de los hombres con el Padre, con María, su madre, y de los hombres entre sí, e imagen de Cristo sufriente en la cruz, que nos amó hasta el extremo.
(Continuará) |